miércoles, 10 de junio de 2015

Reencuentro de un amor


Después de un tiempo
de no vernos, ni tocarnos
vuelves a mí como una brisa
en un reencuentro concertado
a las seis menos cuarto.

Ya no responde a ti
el más puro sentimiento
ni los impulsos del deseo
es el pesar de aquellos años
el que me aferra a tu pecho.

Tu olor metálico se funde
entre la tarde y el café
tus sonrisas y mis silencios
han iniciado un intercambio
de anécdotas  y reproches.

Cae la noche, vuelves a casa
cargado de viajes y destiempos
abres la puerta y al instante
quinientas escenas familiares
dejan de ser simples recuerdos.

Cuelgas tu sombrero y tu sombra
despides los zapatos, te calzas las chanclas,
te quitas la ropa y el continente,
sumerges doce horas de vuelo en la bañera
y secas tu cuerpo con mentiras blandas.

Te pones tu traje de mortal
te tumbas en el  lado derecho de la cama
e iniciamos  una ronda de confidencias
debajo de las sábanas.

Te confieso que en tu ausencia
te puse los cuernos con mi soledad
y que media década por poco me hizo olvidar
el jardín nocturno de tus formas.

Me respondes que aún hay esperanza
que no renuncie a lo no vivido
que aunque no sea hechicera ni el adivino
le hemos ganado la partida a la distancia.





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